Protocolo para casos de sospecha o riesgo de maltrato o abuso sexual de menores

Este protocolo es el instrumento básico para la intervención en casos de sospecha o riesgo de maltrato o abuso sexual a menores en las EFAs de Aragón.

Su objetivo es posibilitar la adopción por parte del Centro de las eventuales medidas que garanticen la efectiva protección de los menores.

Todos los profesionales del Centro pondrán la mayor diligencia posible en la detección y la comunicación, en su caso, de las situaciones de maltrato o abuso a menores, así como en las tareas de observación y seguimiento, si les fueren encomendadas.

Todas las actuaciones contempladas tendrán carácter confidencial. Todos los hechos, manifestaciones y personas afectadas sólo se revelarán –y esto, en la medida en que resulte estrictamente necesario– a las personas competentes para el cumplimiento de las finalidades previstas.

Introducción

El Centro educativo es consciente de ser un contexto idóneo para la detección de situaciones de riesgo de maltrato y abuso al menor, así como para ofertar a los padres en general modelos educativos, pautas de enseñanza adecuadas, información sobre características evolutivas. Además, es un valioso elemento de compensación de desigualdades.

Por eso, el presente protocolo, más allá de las medidas para la protección frente a ese riesgo, incide en los factores positivos, promoviendo la dignidad del menor, su libertad, su honor e intimidad, su autonomía, un entorno en el que no se le cause daño. Todos estos bienes están en sintonía con los principios del humanismo cristiano que inspiró la creación de este Centro y preside todas sus actividades: libertad personal, responsabilidad, servicio, laboriosidad, lealtad, respeto a los demás. Valores que contribuyen a la formación integral de la persona.

En esta tarea, el Centro da el protagonismo al profesorado, de modo especial al tutor, por el elevado número de horas que comparten con sus alumnos, lo que les permite conocer y observar a cada uno de ellos, y a través de la actividad escolar, conocer el entorno familiar. Es, pues, una actuación personalizada y cercana al menor y a sus circunstancias.

Se prestará una atención especial a los menores más necesitados de ayuda, como pueden ser los menores que han sido víctimas del abandono, abuso o malos tratos, y que han de recibir una ayuda especial. Desde el Centro se promoverán acciones positivas para devolverles su autoestima y su dignidad.

Estas son las líneas generales de un Programa de prevención que nace con estas pretensiones de servir de ayuda a que en el ámbito escolar y, por extensión, en el entorno familiar, exista un espacio que impida o al menos disminuya el riesgo de maltrato o abuso a los menores de edad.

Objetivos

Objetivo general

El fin último es ayudar a eliminar las causas que producen el maltrato o abuso al menor.

La eficacia de este Programa, al ser de tipo formativo o de concienciación, puede que sea a largo plazo, pero ayudará en la lucha contra los casos que pudieran presentarse en la vida del Centro,

Objetivos específicos

Proteger a los menores de cualquier maltrato, explotación o abuso, y crear un entorno que favorezca su autonomía

Actuar centrados en la familia y en el menor, de modo que pueda evitarse la aparición de malos tratos, potenciando los factores protectores y reduciendo o eliminando los factores de riesgo

Asegurar las condiciones protectoras en el entorno, por ejemplo la existencia de personas en las que confiar, pueden hacer que las consecuencias para el menor sean menos graves

Organización adecuada de la Escuela

  • Recursos humanos: estructuras, funciones y capacidades formales e informales; diseño de líneas de trabajo en equipo
  • Recursos financieros: se procurará dotar de una asignación presupuestaria al año para esta finalidad
  • Formación para alumnos, familias y profesores: programación anual
  • Buenas prácticas de gobierno y normas de funcionamiento

Actividades con familias

Anualmente se programarán actividades con las familias (talleres, escuelas de padres, charlas etc.) para incrementar sus capacidades en el cuidado de los hijos y en las relaciones afectivas que establecen con ellos, y para recapacitar sobre los mecanismos de control y resolución de problemas en las distintas etapas educativas.

Atención del profesorado

A comienzo de curso, el Director se reunirá con los profesores para reflexionar sobre el plan de protección del menor y las acciones a desarrollar en esta materia, que estarán orientadas a revisar críticamente la violencia y la discriminación en el Centro y a estimular la confianza y la autoestima de los menores.

También reflexionarán sobre la propia actuación profesional para evitar que, por negligencia u omisión de la autoridad en el ejercicio de sus funciones, pueda faltarse al buen trato entre los alumnos e incluso de éstos con sus profesores. En este sentido, se examinará la necesidad de incrementar las habilidades del profesorado para afrontar los conflictos.

Igualmente, se valorará el ejercicio de la disciplina, de modo que no sea excesivamente severa, o arbitraria, o favorecedora de algunos alumnos.

Periódicamente se evaluará el grado de carga de trabajo sobre los alumnos con ocasión de la actividad pedagógica.

Información a alumnos adultos

A comienzo de curso se informará a los alumnos mayores de 18 años de esta materia, de las actuaciones del Centro y de las responsabilidades que les conciernen como ciudadanos, tanto en el ámbito civil como en el penal.

Materia transversal en el currículo

En el ámbito de su autonomía, el Centro introducirá y desarrollará esta materia en el currículo de todos los niveles educativos. Así mismo, esta materia estará presente en el plan de acción tutorial.

Algunos de los contenidos que se incluirán son:

  • Identificación de señales de peligro de maltrato y abuso
  • Conocimiento de los derechos del menor
  • Destrezas que les permitan hacer frente a las situaciones de abuso
  • Búsqueda de apoyo en los adultos: atreverse a pedir ayuda
  • Conocimiento de las redes de apoyo
  • Habilidades de comunicación, de expresión de sentimientos y emociones

Principios de actuación

Se relacionan a continuación una serie de principios generales a tener en cuenta:

  • Prestar atención de forma inmediata y ágil, evitando demoras
  • Presunción de inocencia del supuesto maltratador
  • Igualdad, no discriminación y equidad
  • Interés superior del menor
  • Principio de mínima intervención
  • Asegurar la protección mediante el seguimiento
  • Actuación dirigida y coordinada
  • Confidencialidad

Fases del protocolo

El protocolo consta de 4 fases diferenciadas: detección, información, seguimiento y notificación.

Detección

A título descriptivo, a continuación se ofrece una relación de las tipologías básicas de maltrato o abuso a menores, generalmente aceptadas por las diferentes instancias competentes en la
materia.

Maltrato físico

Cualquier acción no accidental que provoque daño físico o enfermedad en el menor o le coloque en grave riesgo de padecerlo.

Maltrato psicológico o emocional

Hostilidad crónica en forma de insultos, desprecios, burlas, críticas, amenazas, humillaciones, atemorizar o ignorar al menor en su posible aislamiento o confinamiento.

Estas acciones intimidatorias se designan a veces con el término mobbing o, en el ámbito escolar, bullying (ciber‐bullying si el agresor ejerce este tipo de violencia a través de internet).

Dentro del maltrato psicológico están incluidas conductas como la inducción a la delincuencia, utilizar al menor para la realización de acciones delictivas (por ejemplo, transporte de drogas, hurtos, prostitución, espectáculos o materiales pornográficos), mendicidad… y cualquier otro tipo de explotación que pueda perjudicarles.

Maltrato por negligencia

Hay negligencia cuando se produce una desatención o indiferencia ante las necesidades fisiológicas/psicológicas del menor.

Abuso Sexual

Cualquier clase de contacto sexual de un adulto con un menor donde el primero posee una posición de poder o autoridad, y el menor es utilizado para la realización de actos sexuales o como objeto de estimulación sexual.

Un caso será grave si corre peligro la integridad física o psicológica del menor y tendrá mayor riesgo si el responsable del maltrato tiene contacto habitual o acceso al menor, si la situación viene produciéndose desde hace tiempo y con frecuencia y además la familia no tiene recursos suficientes para proteger al menor.

Detectar significa reconocer o identificar la existencia de un supuesto maltrato o abuso sexual. Esto se verificará mediante la observación de señales repetidas o indicadores. Los indicadores pueden ser físicos, comportamentales, o provenir de información sobre las circunstancias de los alumnos: padres, familias, etc.

a) Posibles indicadores específicos de abusos sexuales:

  • Manifestación por parte del menor de haber sido objeto de abuso sexual
  • Informe médico que indica la existencia del abuso o indicio de que está ocurriendo
  • Señales físicas: embarazos, enfermedades sexuales, lesiones, infecciones, etc.
  • Manifestación por parte de padre o madre o de un miembro de la familia del menor de sus sospechas de que el abuso está ocurriendo
  • Trastornos psicosomáticos, de la alimentación, etc
  • Otros signos psicológicos y comportamentales anómalos

En la labor de detección hay que guiarse por estas manifestaciones e indicadores, u otras, que pueden ayudar en la observación, pero por sí solas no son suficientes para demostrar la existencia de maltrato. Debemos considerar además la frecuencia de las manifestaciones y cómo, dónde y con quién se producen.

Por ello es importante saber interpretar estos signos y no juzgarlos, simplemente, como una forma de ser de una persona ante la que no podemos hacer nada, o pensar que es algo que no tiene remedio.

No se debe desechar la idea del posible maltrato o abuso si existen dudas o los signos que hacen sospechar son vagos.

b) Pautas de actuación ante la revelación de un menor de haber sufrido abusos sexuales

La forma en la que reaccione la persona a la que el menor revela su experiencia de abuso va a resultará fundamental para una adecuada evolución del menor.

Por eso, consideramos importante proporcionar unas pautas generales sobre cómo debe reaccionar una persona –profesional o no– ante la revelación del abuso:

  • Acompañar y observar. Debemos vigilar y observar en el menor cualquier cambio brusco y sin aparente explicación de humor: en los estudios, en la comida, en las relaciones, etc. Es más fácil saber lo que pasa cuando observamos al menor, ya que no es capaz de verbalizar muchas cosas, pero sí las expresa según su forma de actuar.
  • Escuchar con tranquilidad y sin alarmarnos. No negar que el abuso ha ocurrido. Mantener la calma y el control de las emociones. Si el menor ve que nos alarmamos o expresamos disgusto, puede dejar de narrarnos lo que en realidad está pasando.
  • Expresarle afecto y cercanía, decirle que le quieres igual que antes, reconocer sus sentimientos y animarlo a que los exprese, evitar sobreprotegerlo y no sentir temor a plantear el tema.
  • Ofrecerle seguridad y apoyo. Hacerle entender que él o ella no son responsables ni culpables de lo que ha pasado
  • Reforzarle positivamente, ya que hay cosas que son muy difíciles de decir a otras personas. No se trata de demostrarle lástima sino de reforzar su apertura.
  • Tratar al menor con dignidad y respeto, permitir que sienta y comente cualquier tipo de emoción.
  • Escuchar con atención aquello que el menor quiera decir, sin rellenar los silencios y sin obligarle a que comente sus sentimientos o muestre sus heridas.
  • Contestar sus preguntas con sencillez y con la mayor sinceridad posible.
  • No hacer promesas que no se puedan cumplir, en concreto no deberá realizarse promesa de confidencialidad, sino trasladar el relato del menor al profesional que corresponda.

Información

Todo profesional que presta sus servicios en las EFAs y sospeche que se puede estar produciendo un maltrato o abuso a menores o que existe riesgo de que se produzca debe comunicarlo de forma inmediata al Director de la EFA. En caso de que no fuera posible en ese momento acceder a él, se deberá poner en contacto con la Federación.

Las situaciones de riesgo son aquellas en las que no hay daño evidente, pero las circunstancias que rodean al menor hacen pensar que se pudiera producir.

El Director valorará si la situación es verosímil, y decidirá si se debe intervenir en el caso. En esta tarea puede servirse del consejo de otras personas experimentadas y prudentes, evitando mencionar nombre alguno para salvaguardar la confidencialidad.

Para facilitar el seguimiento de las conductas observadas se cumplimentará el Anexo 1. Si se decide intervenir desde el Centro, se dejará constancia de esta circunstancia.
Se recomienda que se oiga el parecer de dos personas y tener muy en cuenta las circunstancias de que el posible maltratador perteneciera a la EFA así como la situación familiar del menor.

Seguimiento

Para completar y contrastar la información recibida, el Director empleará los instrumentos que considere más adecuados, como pueden ser:

  • Comentar con otros compañeros que conozcan bien al alumno o que compartan con él actividades de tiempo libre fuera del recinto escolar
  • Recoger información más precisa del tutor o personas de confianza del menor
  • Planificar una tarea de observación sistemática en diferentes momentos de la jornada escolar

La persona que detectó los indicadores del maltrato o abuso colaborará con los responsables del Centro que realicen el seguimiento, sabiendo que el fin es evitar en todo lo posible el daño al menor y que la mejor manera de alcanzarlo es mediante la movilización de todos los recursos y la adecuada coordinación entre ellos.

La labor de observación se planificará y ejecutará con urgencia, y siempre teniendo en cuenta el interés superior del menor. En los casos de notificaciones de riesgo o maltrato grave, o abuso sexual, procederá a informar a la Federación EFA Aragón.

El Director tomará las medidas cautelares convenientes para garantizar la seguridad del menor, evitando el contacto entre el presunto agresor y el menor afectado. En todas las actuaciones que se lleven a cabo se debe respetar la presunción de inocencia del supuesto responsable del maltrato, sin ocasionar daño a su honor.

La intervención se hará sin demora y por el tiempo indispensable para la finalidad de obtener indicios razonables del posible maltrato o abuso y, en este caso, realizar la correspondiente notificación a las instituciones y autoridades competentes.

Notificación

Si existen indicios que llevan a sospechar una situación grave de riesgo o maltrato, desde el Centro se notificará a los Servicios competentes en materia de Protección de la Infancia municipales o autonómicos.

Si la situación se tornara muy grave y urgente desde el punto de vista médico, debe derivarse a
Servicios Sanitarios.

Si el daño fuese muy grave desde el punto de vista físico o emocional, se podrá denunciar a la
Policía Nacional, Guardia Civil o Policía Municipal.

De todas estas actuaciones se informará debidamente a la Federación.

Para el correcto tratamiento del caso se rellenará al Anexo 2 y se cursará donde corresponda.